Actividades y Trabajo colaborativo

Según Gonzalez y Díaz (2005) en su artículo Aprendizaje Colaborativo: una experiencia desde las aulas, las diferentes investigaciones han llegado a la conclusión de que existen ciertos requerimientos cuando hablamos de trabajo colaborativo, esto son: el número ideal de cinco integrantes; composición heterogénea e índole especial de las tareas: estas, por lo general, no deben ser realizadas dentro del marco de un conocimiento fundacional, es decir, aquellas cuyas respuestas son únicas a partir del empleo de algoritmos conocidos.

Los grupos colaborativos requieren tareas no fundacionales; en otras palabras, necesitan actividades donde el conocimiento se construye con medios no siempre conocidos. No suponen una única respuesta ni un único método para llegar a ella. Dichas tareas llevan a los estudiantes a un proceso de conversación espontánea y constructiva. Al no conocer el discurso ni la terminología de las nuevas disciplinas a las que se hallan expuestos, adaptan su propia terminología a los nuevos propósitos.

El resultado no suele ser una visión pura y objetiva de la realidad, que se halla detrás de las apariencias. Se trata de un constructo social, al que llegan los estudiantes con sus propias luces y medios. Las tareas de una y otra metodología: enseñanza fundacional (la que suele ofrecerse en la primaria y en la secundaria y establece los fundamentos y los conceptos unívocos para interpretar el mundo) y aprendizaje no fundacional (la que suele ofrecerse en la universidad) se parecen en un comienzo:ambas describen los procesos de discusión esperados y el punto de partida.

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Las tareas relacionadas con los conocimientos no fundacionales son ambiguas respecto a método y metas de llegada. Le indican al estudiante el punto de partida, pero se diseñan de tal modo que ni el profesor ni los estudiantes conocen el punto de llegada. El arte de elaboración de instructivos para estas tareas es el que encauza y limita las ambigüedades a las que los estudiantes se hallarán expuestos.

Para el modelo que venimos describiendo, existen dos tipos de tareas que concentran la discusión para lograr un consenso:

- El tipo A hace una pregunta, para la cual no existe una única respuesta, si existe. Esta tarea busca generar un diálogo, que aclare los posibles consensos que los integrantes del grupo se hallarían dispuestos a lograr, o incluso ilustrar las divergencias que impedirían el consenso.

- El tipo B sí ofrece, en cambio, una respuesta a la pregunta o al comentario solicitado. La respuesta es la dada por el consenso de la disciplina a la cual pertenece el profesor. A los estudiantes se les solicita que encuentren los supuestos y el argumento que llevaron a esa respuesta. Esto los obliga a conversar qué requeriría cambiar en su forma de pensar y ver las cosas, para lograr el consenso de la comunidad desconocimiento especializado y representativo de la disciplina.



Referencias:

Gonzalez, G y Díaz,L. (2005) Aprendizaje Colaborativo: una experiencia desde las aulas. Educación y Educadores. Volumen 8.